Parashá Balak - Sentirse no deseado
Escrito por el Rabino Meir Elkabas
La parashá Balak comienza con el miedo de Balak hacia el pueblo judío y su reclutamiento del hechicero Bilam para maldecirlos. Ya en su primera interacción, HaShem prepara el escenario para una lección más profunda sobre la percepción humana y las pruebas espirituales que todos enfrentamos.
“¿Quiénes son estos hombres?”
Cuando Bilam invita a los mensajeros de Balak a quedarse durante la noche para poder escuchar la respuesta de HaShem, HaShem se le aparece en un sueño y le pregunta: “¿Quiénes son estos hombres que están contigo?” (Bamidbar / Números 22:9).
La pregunta llama la atención. ¿Acaso HaShem no lo sabe ya?
Rashi explica que HaShem estaba tendiendo una trampa a Bilam, creando una oportunidad para que Bilam pensara que no todo es visible para HaShem en todo momento.
Bilam cae en la trampa. Piensa: si HaShem hace preguntas, tal vez haya momentos en los que no esté consciente de todo. Y si HaShem no está observando constantemente, quizás existan vacíos —pequeñas ventanas por donde las maldiciones puedan colarse sin ser detectadas.
Esta aparente laguna lleva a Bilam a creer que podría tener éxito en maldecir al pueblo de Israel. Pero aún más profundamente, lo lleva a sentir que no es importante a los ojos de HaShem.
Puede que no sea importante para Ti…”
En el versículo siguiente (Bamidbar 22:10), Bilam responde a la pregunta de HaShem declarando que Balak, rey de Moav, lo ha enviado a llamar. Rashi comenta: Bilam está diciendo: “Incluso si no soy importante ante Tus ojos, sí lo soy ante los ojos de los reyes.” Pero, ¿de dónde viene esto? HaShem nunca dijo que Bilam no fuera importante. ¿Por qué Bilam asumiría eso?
Esto es un mecanismo psicológico clásico. Cuando una persona se siente ignorada o no reconocida —aunque solo sea por su propia percepción— a menudo se pone a la defensiva o reacciona con hostilidad. Tal como ocurre en los conflictos modernos entre distintos sectores de la sociedad: un grupo puede decir “Ustedes creen que no somos importantes”, incluso cuando nadie ha hecho tal acusación.
Bilam proyecta su propia inseguridad.
¿Por qué? Porque interpretó la pregunta de HaShem como una señal de distancia. Si HaShem no sabía (o fingía no saber) quién estaba con él, entonces debía significar que no le importaba realmente. Y si HaShem no se preocupa, Bilam concluye que él no es significativo. Esa sensación de insignificancia despierta en Bilam la necesidad de afirmar su valor: “Los reyes piensan que soy importante.”
El Golpe del Kéter
Rabi Najman de Breslev, en Likutey Moharan lección 24, explica un concepto profundo que arroja luz sobre la prueba que enfrentó Bilam. Toda persona, en su camino espiritual, se enfrenta a una barrera llamada Kéter —la corona. El Kéter representa el nivel más alto de luz divina—tan elevado, de hecho, que no puede ser comprendido directamente. Esta luz, en lugar de acercar de inmediato, empuja hacia atrás antes de permitir el acceso. El Zóhar se refiere a esto como una betishá, un golpe o retroceso aplastante.
Este empuje no es un rechazo: es una prueba. Está diseñado para ver cómo respondemos cuando sentimos que HaShem está distante. ¿Seguiremos anhelando, confiando y avanzando? ¿O reaccionaremos con enojo, caeremos en la desesperación, o llegaremos a la conclusión —como hizo Bilam— de que a HaShem no le importa?
La ilusión de que HaShem está ausente es en sí misma la prueba del Kéter. Quienes la superan son aquellos que se mantienen firmes en su emuná (fe), que no permiten que el silencio los sacuda. Pero quienes interpretan el silencio como abandono, caen en la amargura y en el colapso espiritual.
Trágicamente, Bilam eligió el ego y el resentimiento por encima de la humildad y la fe.
La Prueba del Retroceso y el Clamor Interior
Rabi Najman de Breslev enseña que los retrocesos en la vida —momentos en los que parece que HaShem está distante o no presta atención— no son castigos. Son pruebas espirituales diseñadas para despertar el anhelo más profundo de una persona por acercarse a HaShem. Esta es la esencia de la prueba del Kéter: el empuje hacia atrás, el silencio, la confusión… todo ello son invitaciones a responder, no con desesperación, sino con anhelo.
En el caso de Bilam, HaShem creó deliberadamente un escenario de incertidumbre. Cuando le preguntó: “¿Quiénes son estos hombres que están contigo?”, fue una prueba —lehat’oto, es decir, para inducirlo al error. Bilam falló. En lugar de decir: “HaShem debe estar poniéndome a prueba —por supuesto que Él lo sabe todo”, Bilam mordió el anzuelo. Asumió que HaShem no sabía, que no le importaba, y por lo tanto concluyó que él no era importante. Su respuesta — “Puede que no sea importante a Tus ojos, pero lo soy a los ojos de los reyes” — revela su colapso interior.
Lo que Bilam debería haber dicho
Si Bilam hubiera pasado la prueba, habría respondido de otra manera: “Aunque me sienta distante, sé que Tú sigues cuidando de mí. Aunque no perciba la cercanía, elijo creer en ella.” Esto es lo que Rabi Najman de Breslev llama la respuesta correcta al retroceso (betishá): no con enojo ni abandono, sino con la activación del ratzón —un deseo profundo y un clamor interior por acercarse a HaShem.
La persona que está siendo probada no dice: “HaShem no me quiere.” En cambio, clama: “¡Todo lo que quiero es acercarme a Ti, HaShem! Aunque sienta que me empujas, no me iré. ¡Aún Te deseo!” Ese clamor —puro, quebrado, honesto— es justamente lo que la prueba del Kéter busca revelar. Bilam no clamó. No suplicó conexión. Concluyó que no era digno, y buscó significado en otra parte.
La Prueba de Toda persona
Esta no fue solo la prueba de Bilam. Es la prueba de toda persona En momentos de oscuridad —emocional, espiritual o circunstancial— es fácil caer en la trampa de pensar: “HaShem seguramente no se preocupa. No debe estar mirando. De lo contrario, ¿por qué permitiría que esto ocurriera?” Pero ese pensamiento es la prueba en sí misma. Rabi Najman de Breslev enseña que, si uno logra mantenerse firme y creer que HaShem está presente incluso en el silencio, entonces el mismo retroceso se convierte en un recipiente para la luz infinita. El Kéter, que al principio parece un muro, se transforma en un canal de esperanza, claridad y renovación.
La Ilusión de la Distancia
HaShem permitió que Bilam experimentara la ilusión de la distancia para que saliera a la luz su verdadera postura interior. Trágicamente, Bilam eligió el ego y el resentimiento por encima de la humildad y la fe. Interpretó el silencio como abandono, en lugar de verlo como una prueba de anhelo. La misma oportunidad que podría haberle traído redención, terminó sellando su caída. Nosotros también estamos constantemente frente a esta elección: ¿Interpretaremos las dificultades de la vida como un rechazo, o como el intento de HaShem de despertar nuestro clamor interior?
Que seamos zokhé (dignos) de ver más allá de la ilusión, de elegir el anhelo por encima de la desesperación, y de responder a cada retroceso con emuná, deseo profundo y alegría. Entonces, el muro del Kéter se convierte en una puerta hacia la compasión infinita de HaShem.