Parashat Nitzavim – El plan astuto de los Givonim”
Escrito por el Rabino Meir Elkabas
De pie ante HaShem al final del año
Parashat Nitzavim, que se lee en el último Shabat del año, es breve pero profunda en significado. Las palabras iniciales, “Todos ustedes están hoy de pie ante HaShem” (Devarim 29:9), siguen inmediatamente después de las noventa y ocho maldiciones de la parashá Ki Tavó. El pueblo quedó estremecido: ¿cómo podrían soportar semejantes castigos si fallaban? Moshé los tranquiliza: “Aun así, ustedes siguen de pie”.
Rashi comenta que es precisamente el sufrimiento lo que le da al pueblo de Israel la fuerza para resistir. A diferencia de las naciones, que se derrumban ante la adversidad, Israel permanece de pie. Hay justicia, pero también compasión. Incluso cuando se merece un juicio severo, HaShem lo suaviza con Su misericordia.
Rabi Najman de Breslev explica en Sijot HaRan (Conversaciones con Rabi Najman) que esta paradoja refleja un misterio más profundo: cuando una persona se niega a rendirse y continúa anhelando volver a HaShem, incluso los pecados mismos pueden, en última instancia, transformarse en méritos. Lo más valioso que posee una persona es su ratzón, su deseo. Incluso aquel que admite: “solo quiero querer”, pero se aferra a ese anhelo, terminará logrando reconectarse con HaShem.
Conversos en el pacto
Moshé continúa: no solo están de pie los líderes, ancianos, hombres, mujeres y niños, sino también “el converso que está en tu campamento, desde el cortador de leña hasta el aguatero” (Devarim 29:10–11).
Rashi, citando el Midrash y la Guemará (Yevamot 79a), distingue dos grupos. Están los conversos genuinos, que se unen a Israel por amor a la Torá y a HaShem. Y están también los Givonim (llamados también Netinim), que eran cananeos incluidos en el mandato de la Torá de ser destruidos. Por temor, idearon un plan para salvarse. Disfrazados como si fueran una nación lejana, engañaron a Moshé y, más tarde, a Yehoshúa para que aceptaran su conversión.
Una vez aceptados, su condición no podía ser revertida: habían entrado en el pacto. Sin embargo, sus orígenes como cananeos complicaban la situación. Se les permitió permanecer dentro de Israel, pero relegados a un nivel social bajo, sirviendo como cortadores de leña y aguadores. (Algunas opiniones en Jazal sostienen que este estatus fue solo para su generación, mientras que otras consideran que se mantuvo de manera permanente).
Así, dentro del pacto que describe Moshé, ya vemos dos tipos de conversos: aquellos que llegan por amor, y aquellos que lo hacen por temor.
¿Cómo pudieron convertirse los Givonim?
La Torá es clara: las siete naciones de Canaán estaban sumidas en tal corrupción que debían ser totalmente destruidas. Su impureza estaba más allá de toda reparación. Sin embargo, los Givonim —que provenían precisamente de ese linaje— lograron unirse a Israel, aunque fuera mediante engaño. ¿Cómo pudo suceder esto?
Jazal aclaran que la mitzvá aplicaba específicamente a quienes permanecían en la Tierra. Si un cananeo salía a tierras lejanas, se consideraba como cualquier otro gentil, y no existía obligación de matarlo. El peligro residía en su permanencia en Eretz Israel, pues su influencia podía contaminar su santidad. Por esa razón, la Torá ordenó su completa destrucción.
Aun así, vemos una paradoja. Estas mismas naciones, declaradas irredimibles, produjeron personas que finalmente se convirtieron —aceptados por Moshé, por Yehoshúa e incluso en tiempos del rey David. Cierto, se les impusieron restricciones, pero no fueron expulsados. ¿Cómo puede ser, si eran considerados “completamente malvados”?
Jazal nos dan paralelos. Hay criaturas en el mundo —arañas, cerdos, animales no kóser— cuyo mal parece tan dominante que su bien aún no puede ser revelado. Su chispa de santidad está demasiado enterrada para que nosotros podamos extraerla. El cerdo, por ejemplo, se llama jazir porque en el futuro “volverá” (yajzor) y será rectificado como kóser. Por ahora, su mezcla está fuera de nuestro alcance.
Así también con los cananeos: encarnaban un nivel de impureza que la Torá declaró imposible de rectificar en nuestra era presente. Sin embargo, el misterio de los Givonim muestra que hay otro factor en juego: lo que Rabi Najman de Breslev llama el Heijal HaTemurot, la Cámara de los Intercambios.
Las cámaras de intercambio, que nos confunden con falsedad y ocultamiento, también contienen oportunidades para la teshuvá y la renovación.
El misterio de las almas intercambiadas
Rabi Najman de Breslev reveló que, a veces, las almas son intercambiadas entre distintos lugares. Una persona puede nacer en una familia determinada, pero portar un alma que en realidad no “pertenece” allí. Dio como ejemplo a Napoleón, quien ascendió desde una familia de sirvientes hasta convertirse en emperador de Francia. ¿Cómo pudo ocurrir un ascenso tan meteórico? Rabi Najman insinuó que el alma de Napoleón no estaba destinada originalmente para él: fue un alma intercambiada.
Este principio explica muchos misterios. Un baal teshuvá (Persona que está haciendo Teshuvá), criado en un ambiente totalmente secular, puede de repente despertar con un ardiente anhelo de reconectarse con la Torá y con HaShem. ¿De dónde proviene esto? De la fuerza de un alma que estaba “fuera de lugar”, pero que finalmente comienza a buscar su verdadero hogar.
Lo mismo se aplica a los conversos givonim. Incluso si provenían de naciones consideradas irredimibles, la Cámara de los Intercambios (Heijal HaTemurot) permite que allí se alojen temporalmente chispas de santidad. En el momento adecuado, a través de circunstancias extrañas o incluso astutas, esas almas encuentran el camino de regreso al pueblo de Israel.
Así, los Givonim no son simplemente una curiosidad histórica. Ellos encarnan la paradoja de la impureza y la santidad, de las almas ocultas en un lugar equivocado hasta que HaShem dispone su retorno.
El plan astuto y el intercambio oculto
El plan astuto de los Givonim no fue un simple engaño: fue una manifestación del misterio del Heijal HaTemurot, la Cámara de los Intercambios. Exteriormente, ellos pertenecían a las siete naciones destinadas a la destrucción; pero, en lo interior, sus almas no estaban destinadas a permanecer atrapadas allí. A través del engaño, con be’ormá (astucia), se disfrazaron como extranjeros de tierras lejanas, insistiendo: “No somos de esta tierra”. En esa misma falsedad se ocultaba una verdad más profunda: sus neshamot (almas en plural) no pertenecían realmente entre lo irredimible.
Rabi Najman de Breslev y Rabi Natan de Breslev enseñan que, a veces, la única manera en que un alma perdida puede regresar es a través de la confusión y el intercambio. Los Givonim tuvieron que actuar de esta manera enredada porque sus chispas estaban atrapadas en un lugar de oscuridad; solo reflejando el “cambio” de las cámaras de intercambio pudieron emerger.
Cortadores de leña y aguadores
¿Por qué la Torá los designa específicamente como “tus cortadores de leña y tus aguadores”? Esta imagen no es casualidad.
Cortadores de leña – Su tarea es cortar y separar. Simbólicamente, ellos golpean en las raíces enredadas del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, la fuente primordial de la mezcla en el mundo. Al cortar, generan distinción: el bien debe liberarse del mal, para que no permanezcan atados.
Aguadores – Una vez que la separación ha sido lograda, llega la claridad. Solo entonces se puede extraer de las aguas puras de la Torá. Tal como promete el profeta: “Ustedes sacarán agua con alegría de los manantiales de la salvación” (Yeshayahu 12:3). El rol de los Givonim insinúa este proceso: despejar la confusión para que el fluir refrescante de la sabiduría de la Torá pueda ser revelado.
Así, aunque fueron relegados a un estrato social bajo, su labor encarna un proceso espiritual más elevado. Nos recuerdan que el tikún de la humanidad consiste en extraer luz de la oscuridad y abrir canales de Torá donde antes solo había mezcla y duda.
Esperanza en el intercambio
De aquí surge un mensaje poderoso. Incluso aquellos señalados como más allá de toda reparación —lo techayé kol neshamá (“no dejarás con vida alma alguna”)— pueden contener chispas ocultas que esperan regresar. A través de los giros extraños de la historia, incluso mediante el engaño, HaShem dispone que tales chispas sean redimidas.
Para nosotros, la enseñanza es clara: nunca perder la esperanza. Las cámaras de intercambio, que nos confunden con falsedad y ocultamiento, también esconden oportunidades para la teshuvá y la renovación. Si incluso los Givonim pudieron ser integrados, entonces ningún judío, por más perdido que parezca, está fuera del alcance de la compasión de HaShem.
Puntos para la Avodá
• Aférrate al Ratzón: Aun cuando estés herido o quebrado, aférrate a tu voluntad de retornar. HaShem la aprecia por encima de todo.
• Separa el bien del mal: Como el cortador de leña, corta la confusión. Busca la chispa de bien incluso en las situaciones más enredadas.
• Extrae aguas vivas: La alegría en la Torá llega después de la claridad. Una vez que separas la verdad de la falsedad, los entendimientos de la Torá fluyen como agua fresca.
• Confía en la esperanza oculta: Incluso cuando todo parece perdido, cree que HaShem ha preparado un camino de retorno. El mismo plan astuto puede ser el vehículo para la redención.
Shabat Shalom, Shaná Tová u’Metuká, Ketivá veJatimá Tová ✨ Que este año nuevo se abra con misericordia, que las naciones reconozcan la grandeza de Am Israel, y que ellas mismas ayuden a traer a nuestro pueblo de regreso a Eretz Israel con alegría y simjá.